Medita

En el mundo occidental no hay mucha cabida a la introspección. Pero mucho menos al estar sin hacer nada.

Meditar, pues, consiste en concentrarse en simplemente estar. Esto refuerza una parte de nuestro cerebro que nos permite ser conscientes del momento y lugar presentes, el “aquí” y “ahora”.

Esta parte del cerebro es como un músculo. Normalmente está desentrenada, pero la meditación la desarrolla, la hace más fuerte.

¿Utilidad? Considero un indispensable tener una fuerte consciencia del momento presente. Mejora cómo recuerdas los sueños y amplía las probabilidades de que te des cuenta de que estás soñando llegado el momento.

Técnicas de meditación hay muchas, pero a mí me gusta la básica, que consigue el objetivo buscado: sentarte cómodamente, espalda recta, apoyarla en algo si tuvieras algún problema, poner una posición cómoda pero que requiera mantener la atención y centrarse en la respiración manteniendo la postura.

Durante un tiempo. Un minuto, cinco, diez. No suele ser fácil las primeras veces. Se te va la cabeza, te desconcentras, te dan ganas de moverte, de ver la hora… Pero tu objetivo debe ser centrarte en tu respiración. Cómo entra y sale el aire. El objetivo en sí mismo es ser consciente de ella, de que estás ahí y es lo que haces por voluntad propia.

Al principio recomiendo usar una alarma que marque el fin del tiempo. Permitirá controlar cómo sentimos su paso y también hasta qué punto cumplimos. Llegará un punto en que deje de hacer falta.

Esto quizá no sea imprescindible, pero lo considero altamente recomendable. Los que lo practiquéis, comprobaréis por qué.

Dulces sueños.

Introducción: cómo funciona

Toca indagar un poco mejor en cómo funciona esto.

Primero: exactamente, ¿cómo sé que mi sueño fue lúcido? Porque estás dentro de tu sueño como si se tratara de una realidad virtual. Sabes que estás dentro y te puedes mover como quieras.

Segundo: ¿se puede controlar el sueño siempre? Pues no exactamente. Según el nivel de lucidez. Puedes ser consciente pero dejarte llevar, o no llegar a darte cuenta de que no es del todo real. Puedes ser consciente y no poder controlarlo porque estás convencido de que no puedes y puedes tener control pleno.

Tercero: ¿Hay atajos? Sí, pero su efectividad depende de quién los use.

Visto eso, paso a lo que toca.

Soñar es como pensar en voz alta. Es como cuando se te va la cabeza hacia cosas. A todos nos pasa: de repente viene una corriente de pensamientos y no tenemos consciencia de dónde estamos ni de lo que hacemos. En un sueño pasa eso mismo, y por eso no solemos tener consciencia en el mismo. Eso es lo que hay que entrenar.

Para inducirlos hay varias técnicas, y cada una con varios métodos. Esta que sigue es una clasificación personal:

  1. Técnicas de comprobación de realidad.
  2. Técnicas de identificación de señales oníricas.
  3. Técnicas de fortalecimiento de la autopercepción.
  4. Técnicas de sugestión.
  5. Técnicas inconscientes.

Más adelante profundizaré en esto. Os quiero con el gusanillo.

Todo esto empieza, sin embargo, con un paso: recordar lo que sueñas. Mejorar la calidad de los recuerdos de tus sueños. ¿Por qué? Porque si tienes un sueño lúcido y luego no te acuerdas, ojos que no ven.

Esto se hace con un diario de sueños. Un cuaderno especialmente dedicado a escribir lo que sueñas, un entrenamiento de la memoria. Esta será la próxima entrada.

 

Una vez lo consigues.

¿Qué haces?

Lo que te apetezca.

En mi época fuerte, lo usé para probar la percepción en diferentes sentidos. Como si entrara en mátrix y la probara. Actualmente quiero indagar en mi mente, es un objetivo no cumplido. Ahora puedes hacer otra cosa:

¿Tener relaciones? Claro que puedes, cuantas quieras con quien quieras. ¿Afrontar pesadillas? Pues sí. Y vivir apocalipsis zombies, hablar con gente que has perdido, hablar contigo mismo, volar (un clásico), ir a Hogwarts… Lo que tu imaginación te permita, vamos.

¿Qué aporta esto? Muchas cosas. El sueño lúcido se ha llegado a considerar una forma de iluminación, de trascendencia en culturas tribales.  Mi creencia es la siguiente: si pasamos un tercio de nuestra vida durmiendo, ¿por qué no mejorar nuestra calidad de vida tomando parte de ese tercio para hacer cosas imposibles en la vigilia?

Hay gente que confirma que los sueños lúcidos le resultan agotadores. Es decir, es como si no descansara. No lo voy a desmentir, pero a mí me ha pasado todo lo contrario. Me he despertado descansado, y más lúcido. Este factor lo dejo a libre albedrío, según lo experimentéis.

¿Y ahora qué toca? Profundizar. Dejadme que me ponga a ello.

Dulces sueños.